Turmalina y sus propiedades

Turmalina y sus propiedades

La Turmalina es piezoeléctrica: Propiedad por la cual al aplicarle calor, se carga de electricidad y es capaz de atraer motas de polvo, pelusa, etc. Posee el polo positivo en un extremo y el negativo en el otro, los cuales, cuando el mineral se enfría, cambia de polaridad.
La composición de la Turmalina es la más extensa dentro del reino mineral, contiene: Sílice, magnesio, aluminio, sosa, Fluorita, ácido bórico, boro, litio, potasio, cobalto, manganeso, galio, cinc, plomo, níquel, estaño y bismuto.
(La palabra Turmalina significa mezcla de piedras preciosas)
La Turmalina roja o rosada se llama Rubelita
La Turmalina azul se llama Indicolita
La Turmalina violeta se llama Siberita
La Turmalina marrón se llama Acroita

La turmalina ha sido reconocida como la piedra preciosa de los poetas, escritores y artistas. Desde el Renacimiento hasta finales del siglo XIX, se atribuyó a la turmalina la capacidad de inspirar la creatividad y de alentar la imaginación artística. Artistas y escritores hicieron un amplio uso de esta piedra como talismán para estimular su creatividad.

Amor
La turmalina rosa simboliza las virtudes del amor incondicional y la amistad verdadera. Por esta razón, esta piedra va ganando popularidad como alternativa a los diamantes en los anillos de compromiso. Existe la creencia de que llevar una turmalina rosa promueve el amor, la amistad, la bondad, la simpatía hacia los demás y la tolerancia. Según cuenta una antigua leyenda egipcia, la turmalina adquirió su color mientras viajaba desde el Sol a la Tierra a través del arcoíris.

Leyenda de la Amatista

Leyenda de la Amatista

El nombre ‘amatista’ proviene del griego amethystos (no borracho), ya que esta piedra era considerada un potente antídoto contra la embriaguez. Según la mitología griega, Dioniso, dios del vino y el desenfreno, pretendía a una doncella llamada Amethystos, la cual deseaba permanecer casta. La diosa Artemisa escuchó sus plegarias, y transformó a la mujer en una roca blanca. Dioniso, humillado, vertió vino sobre la roca a modo de disculpa, tiñendo así de púrpura los cristales.